Modelos Mentales

Un equipo de antropólogos puso a un grupo de monos en una jaula que tenía un plátano cargado de fruta en el medio. Inmediatamente, los monos empezaron a trepar por el tronco, pero en ese momento los investigadores les lanzaron un chorro de agua a alta presión despedido por una manguera. Mojados y confundidos, los monos volvieron a intentar subir al árbol. Pero cada vez que alguno tocaba el tronco, todos eran “castigados” con el chorro de agua. Luego de dos o tres intentos fallidos, los monos aprendieron la lección: el árbol era “tabú”.

En ese momento, los científicos desconectaron la manguera. Por supuesto, ningún mono intentó alcanzar los plátanos. Todos “sabían”, gracias a sus repetidas experiencias, que esto no era aconsejable. Entonces, los investigadores intercambiaron a uno de los monos “experimentados” por uno nuevo. Apenas puesto en la jaula, el mono nuevo corrió hacia el plátano. Antes de llegar, fue interceptado por los monos experimentados, que le dieron una tremenda paliza. Desconcertado (sin saber que los monos experimentados lo habían golpeado para protegerlo), el nuevo se refugió en un rincón. La escena se repitió un par de veces en los días siguientes. Al cabo de un tiempo, el mono nuevo abandonó sus intentos. Podríamos decir que aceptó el tabú (aun sin saber por qué el árbol era intocable) y se “convirtió” así en uno más de la cultura.

Los investigadores intercambiaron entonces a otro de los monos experimentados por uno nuevo. La historia se repitió, con la variante de que el mono “convertido” también participó de las palizas. Al cabo de un tiempo el mono nuevo fue “aculturado”, aceptó el tabú y se convirtió en uno más de la comunidad.

Los investigadores siguieron intercambiando uno a uno a todos los monos experimentados y dejando que los monos nuevos fueran “aculturados” a golpes. Llegó el momento en que no quedaba ninguno de los monos originales en la jaula. Sin embargo, al intercambiar a un mono convertido por un mono nuevo, observaron que el patrón de comportamiento se repetía. En cuanto el mono nuevo se acercaba al árbol, los convertidos le propinaban una “golpiza disuasiva”. Lo más tragicómico del asunto es que durante todo el tiempo la manguera estuvo desconectada; si los monos hubieran intentado subir al árbol, habrían podido comer la fruta sin ningún problema. Pero, por supuesto, cada vez que no subían al árbol, también validaban su teoría de que al no subir no había problemas. Más aún: ninguno de los monos en la jaula había experimentado en forma personal el “castigo de la manguera”. Sin embargo, todos “sabían” que no había que acercarse al árbol y que había que castigar a quien rompiera la norma.

Si se les hubiera consultado por qué lo hacían hubieran contestado encogiéndose de hombros: -“no sé, cuando llegué ya se hacia así”

Dentro de las organizaciones, los modelos mentales colectivos se desarrollan en base a experiencias compartidas. Los miembros del grupo deben enfrentarse a desafíos y en respuesta desarrollan una forma habitual de interpretar las situaciones y de emprender acciones. Esto se convierte en parte del modelo mental colectivo y pasa de generación en generación como el “conocimiento” del grupo.

El peligro es que con el paso del tiempo esa experiencia se puede convertir en una “verdad absoluta”, en vez de ser “la forma en que nuestro grupo ha respondido efectivamente a los desafíos del pasado”, pasa a ser “la única forma correcta de responder a los desafíos del presente y del futuro”, algo muy común en nuestra cultura.

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